Nueva Zelanda: Jacinda Ardern renunció sorpresivamente al cargo de primera ministra

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Durante su mandato fue elogiada por su respuesta a la pandemia de covid-19, la explosión de un volcán y un atentado supremacista que dejó 51 muertos.

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, sorprendió al anunciar su renuncia después de haber sido una de las apariciones políticas más promisorias, incluso fuera de las fronteras de su país. Ardern, quien asumió en 2017 como la premier más joven en el mundo con 37 años, condujo al país por desastres naturales, la pandemia del covid-19 y su peor ataque terrorista, pero dijo que ya no tiene energías para seguir.

«No tengo suficiente energía»

«Soy humana. Damos todo lo que podemos mientras podemos hasta que llega la hora. Para mí ya es hora», declaró Ardern en un encuentro con miembros de su Partido Laborista. La carismática política consiguió en octubre de 2020 revalidar su mandato con una aplastante mayoría y que el laborismo gobierne en solitario, algo que ninguna formación neozelandesa había logrado desde la reforma electoral de 1996.

«No lo dejo porque sea duro, lo dejo porque este trabajo conlleva una gran responsabilidad, y no tengo suficiente energía para hacerle justicia», explicó durante una rueda de prensa Ardern, señalando que dejará el cargo a más tardar el siete de febrero.

Durante su mandato fue elogiada por su respuesta a la pandemia de covid-19, con uno de los cierres de fronteras más estrictos del planeta, o el atentado supremacista en dos mezquitas en Christchurch en 2019, que dejó 51 muertos. Su gestión tras el atentado fue especialmente aplaudida, prohibiendo después las armas semiautomáticas utilizadas durante el ataque y reformando las leyes de posesión de armas.

Otro de los momentos trágicos que le tocó administrar fue la erupción del volcán Whakaari, en 2019, que dejó 22 muertos entre trabajadores y turistas, donde expuso sus dotes de líder empática con los familiares de las víctimas y con los rescatistas.

En una emotiva intervención en la que trató de contener las lágrimas en varias ocasiones, Ardern dijo que no tiene planes una vez abandone el puesto, y que aprovechará para pasar más tiempo con su familia mientras piensa en cómo continuar «ayudando a Nueva Zelanda». Ardern tuvo a su única hija, Neve, cuando ya era primera ministra, y trató de normalizar su rol como madre y líder con decisiones icónicas como llevar a la pequeña cuando era un bebé a la Asamblea General de la ONU en Nueva York en 2018, una imagen que dio la vuelta al mundo.

Pero su respaldo popular, a menudo citado como «Jacindamanía», cayó en las últimas encuestas ante la creciente inflación y el temor a un aumento en los índices de criminalidad. En su primera aparición pública desde que el Parlamento entró en receso en diciembre, dijo en el encuentro anual de los laboristas que esperaba encontrar la energía para continuar como líder, «pero no lo he podido hacer».

Elecciones en octubre

Ardern también anunció que la próxima elección general se celebrará el 14 de octubre y que hasta entonces continuará como miembro del Parlamento. La gobernante dijo estar orgullosa de las acciones de su gobierno para simplificar el acceso a la vivienda, enfrentar el cambio climático y la pobreza infantil. «Y lo hicimos mientras respondíamos a algunas de las mayores amenazas a la salud y el bienestar económico de nuestro país desde la Segunda Guerra Mundial», aseguró.

Aunque las últimas encuestas indican que una coalición de los partidos de centroderecha National y Act ganarán los comicios, Ardern aseguró que ese no es el motivo de su renuncia. «No me voy porque crea que no podemos ganar la próxima elección, sino porque creo que podemos ganar y lo haremos», afirmó en la reunión en la ciudad de Napier, en la costa este del país.

Ardern indicó que la bancada laborista elegirá un nuevo líder en tres días después de que deje el puesto. El viceprimer ministro, Grant Robertson, dijo que no se postulará al cargo. Para la primera ministra saliente, no hay ningún secreto detrás de su renuncia.

«Creo que liderar un país es el mayor privilegio que nadie puede tener, pero también uno de los trabajos más exigentes. No puedes ni debes hacerlo a no ser que tengas el depósito lleno y algo más en la reserva para afrontar retos inesperados», aseguró Ardern. Su estrés se hizo evidente cuando tuvo una rara pérdida de compostura el mes pasado, al ser captada en un micrófono cuando se refirió a un político opositor como un «estúpido arrogante».

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