Juan Domingo Perón y el legado de una obra y de un pensamiento revolucionario

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Hoy, 1º de Julio se cumple el cuadragésimo sexto aniversario del tránsito a la inmortalidad del más grande hombre público que nos legara a los argentinos el siglo XX: el GENERAL JUAN DOMINGO PERÓN. Ese día, el tres veces Presidente constitucional de los argentinos, abandonó el mundo terreno para incorporarse a la galería de los grandes de la historia patria, proyectando para el futuro un ideario político revolucionario que, conmovió durante más de 30 años los cimientos de una sociedad otrora signada por la dependencia neocolonial y por la injusticia social.

Nació en Lobos (Pcia. de Buenos Aires) el 7 de octubre de 1893, hijo natural de Mario Tomás Perón y de Juana Sosa Toledo. Por su sangre (al igual que el Gral. San Martín) –tal como él mismo lo reconoció en vida- corría sangre india. Quizás, en el ámbito agreste de la Patagonia en la cual vivió gran parte de su niñez y en la sangre aborigen que corría por sus venas, está el sentimiento y la razón profunda de su sed de justicia para los desposeídos y la razón de sus luchas por las tres banderas por las cuales inmoló su vida: el ideal inconcluso de la Patria Justa, Libre y Soberana.

Tras el golpe de Estado del 4 de junio de 1943 que, puso fin a la decadente partidocracia liberal de la época (la “década infame”, al decir del historiador José Luis Torres), ocupó la Secretaría de Trabajo y Previsión, desde la cual cimentó y consolidó la simbiosis política con la clase trabajadora, con esa clase social que se convertiría con el devenir de los tiempos en la columna vertebral del más grande movimiento de masas que registra la historia de la América Latina.

Hacia el año 1945, sus propios pares militares, presionados por los personeros del liberalismo oligárquico de aquellos tiempos (históricamente asociados al imperialismo de turno), lo expulsaron del poder y lo confinaron en una cárcel en la Isla Martín García. Ignorantes de las leyes objetivas de la historia y de la fuerza vital de los pueblos, no se habían percatado que, su liderazgo se había hecho carne en la conciencia y en el corazón de las masas desposeídas de la Patria que, el 17 de Octubre de 1945, se reveló contra el orden establecido y espontáneamente salió a la calle a lo largo y a lo ancho de la Patria para torcer el rumbo de la historia (“el subsuelo de la Patria sublevado”, al decir de Scalabrini Ortiz”). Esta referencia histórica es fundamental porque, en esa fecha, nace a la vida política el Gral. Perón para escribir con trazos indelebles una de las páginas más extraordinarias de la vida política nacional.

Legitimado por el voto popular el 24 febrero de 1946, con sus realizaciones de gobierno (signadas por las nacionalizaciones, por la planificación de la economía y por la participación obrera en el poder) y con su prédica humanista, fue construyendo un estado de conciencia colectiva, resistida por las clases dominantes de la época y por el imperialismo que, a lo largo de una década, saboteó su lucha por la liberación nacional, por la justicia social y por la integración latinoamericana en la senda de San Martín, Artigas, Martí y Simón Bolivar.

Como nadie lo había hecho en la historia, transformó la democracia acotada y formal del demoliberalismo capitalista que se agota con el voto ciudadano. Para ello, abrió los cauces institucionales  que hicieron posible la democracia social, con la participación de los trabajadores sindicalizados y de la mujer (hasta entonces condenada al ostracismo político) en todos los órganos del poder estatal. Es así, como la política dejó de ser el privilegio de una elite profesionalizada, para convertirse en el derecho al protagonismo colectivo de los más. Es que, tal como lo señalara nuestro querido y olvidado Leopoldo Marechal: “la gran virtud del Peronismo fue, la de convertir una masa numeral en un pueblo esencial”.

Transformó la Argentina agro-pastoril dependiente (la factoría neocolonial tributaria de Gran Bretaña) en una Argentina industrializada, con plena ocupación, salarios dignos y con leyes sociales que elevaron las condiciones de vida y de dignidad de la masa trabajadora. Esa transformación estructural (de economía primaria a economía industrializada) permitió la progresiva y creciente sindicalización de la clase trabajadora y por ende, la elevación de su conciencia nacional y de clase. Es esa clase social la que, nucleada en la central obrera única, se convertiría a lo largo de la historia en la base de sustentación política –columna vertebral- del Peronismo. Pero no fue todo, tal como nos recuerda Don Arturo Jauretche -uno de los testigos privilegiado de la época-, el Gral. Perón impidió con su política interna e internacional que, nuestra Patria dejara de ser factoría colonial de Gran Bretaña para convertirse en una dependencia neocolonial de EE.UU. Ello motivó, el bloqueo económico y comercial de que fue objeto nuestra Patria durante una década por parte de Estados Unidos (1946-1955), tal como públicamente lo reconocería el propio Dpto. de Estado norteamericano hacia el año 1982.

Consciente que, no sería posible concretar la Patria Justa, Libre y Soberana en el marco de la Constitución liberal-individualista de 1853 (reaseguro institucional de los intereses de las clases dominantes) promovió y llevó adelante la reforma constitucional de 1949, la única en la historia que plasmó cambios revolucionarios en la parte dogmática de nuestra Carta Magna (los derechos del trabajador y de la ancianidad, la propiedad en función social, la nacionalización del comercio exterior y de las riquezas del subsuelo nacional, de los servicios públicos, y la consagración con rango constitucional del apotegma fundamental del Peronismo: “El capital debe estar al servicio de la economía y ésta al servicio del pueblo, dentro de un orden fundado en la justicia social”). Así, nuestra Patria se insertó en la senda del constitucionalismo social, de las cuales fueron pioneras la Constitución mexicana de Querétaro de 1917 y la Constitución alemana de Weimar de 1919. No es accidental que, inmediatamente producido el cuartelazo de septiembre de 1955, se la derogara por un bando militar y que, de inmediato –restablecida la vieja Constitución de 1853-, se llevara adelante el proceso de privatización y de extranjerización del patrimonio nacional, y el restablecimiento de los privilegios de la oligarquía.

En su lucha por la soberanía política, la independencia económica y la justicia social para los desposeídos, tuvo a su lado a una mujer extraordinaria que, con el correr de los años y hasta su muerte, se convirtió en el cuadro político más importante de su obra revolucionaria, por su lealtad y por su apasionado amor por la causa compartida: EVA PERÓN.

Desde septiembre de 1951, sectores de las fuerzas armadas –funcionales a los intereses de la inveterada alianza oligarco-imperialista- conspiraron contra el Peronismo, buscando el derrocamiento del Gral. Perón. El frustrado alzamiento del Gral. Benjamín Menendez (septiembre de 1951) y el bombardeo criminal a Plaza de Mayo de junio de 1955, no fueron sino los prolegómenos del golpe cívico-militar del 16 de septiembre del mismo año. A partir de esa fecha y hasta el 25 de mayo de 1973 (17 años), nuestra Patria se debatió en la alternancia política de dictaduras militares y de gobiernos civiles viciados en su legalidad y en su legitimidad política.

Interdicto políticamente y condenado al exilio y proscripto el Peronismo de todos los eventos electorales, no le quedó al pueblo –a las mayorías populares proscriptas- otra opción que la resistencia a través de las históricas movilizaciones lideradas por el movimiento obrero, y a la postre, la violencia armada y el enfrentamiento fratricida entre los argentinos. En ese contexto histórico y enfrentando la trapisonda electoral del GAN, concebido por Lanusse y su camarilla (la democracia ficta, del Peronismo sin Perón), retornó a la Patria hacia el año 1972 y definitivamente el 20 de junio de 1973. En esta última fecha y en lo que debió haber sido para la historia el reencuentro de su líder con más de dos millones de almas (la mayor concentración popular de la historia), se convirtió –por la intolerancia absurda y mezquina de facciones-, en la mayor frustración política vivida por el pueblo peronista y obviamente por el Gral. Perón. Su mensaje fue: La unidad nacional para la reconstrucción y la liberación nacional, para consolidar la democracia en paz y para poner fin al ciclo histórico de las dictaduras cívico-militares, que tanto daño habían ocasionado a los argentinos, no fue comprendido por la intolerancia política de unos pocos y por resistencia natural de los sectores del privilegio y de la dependencia.

Su última gestión de gobierno (1973-1974), impuesta por la voluntad popular tras casi 18 años de proscripción y exilio, estuvo signada por una amplia convocatoria a todos los sectores políticos del país (“para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”), en función de llevar adelante en democracia y en paz un proceso de reconstrucción y de liberación nacional y de integración latinoamericana y con los países del Tercer Mundo, nucleados en aquellos tiempos en el Movimiento de Países No Alineados. No obstante el sabotaje de la derecha reaccionaria y del infantilismo de izquierda, el Gral. Perón llevó adelante su política de nacionalización, de justicia social y de soberanía política en el plano de las relaciones internacionales, con la misma fuerza, con la misma coherencia y con la misma lealtad que desde siempre inspiró sus actos políticos y de gobierno.

Su último mensaje tuvo por destinatario al pueblo de la Patria reunido en Plaza de Mayo el 12 de junio de 1974, al cual nominó su único heredero: “Yo vine al país para unir y no para fomentar la desunión entre los argentinos. Yo vine al país para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia… La unidad que propusimos fue para concretar la liberación nacional y no para darle coraje a los enemigos de nuestra Patria… No hay que olvidar que, los enemigos están preocupados por nuestras conquistas, no por nuestros problemas. Ellos se dan cuenta de que, hemos nacionalizado los resortes básicos de la economía y que seguiremos en esa tarea sin fobia, hasta no dejar ningún engranaje decisivo en manos extranjeras”.

La vida política de los hombres, incluida la de hombres excepcionales –tal como fue la del Gral. Perón-, está hecha de aciertos y de errores, ello es parte de la condición humana. Lo importante es que, en el balance del debe y del haber sopesen los aciertos. La consecuencia ética, la clarividencia política y la lealtad del Gral. Perón hacia el pueblo y la Patria no tiene parangón alguno. Es sino el más grande, uno de los más grandes de la historia política contemporánea, razón por la cual su pensamiento, su doctrina y su obra revolucionaria, se continúa proyectando con fuerza vital en la memoria colectiva de la Argentina de nuestros días.

“La fuerza del Peronismo radica en gran parte en que constituye un movimiento nacional y no un partido político. Lo moderno, que obedece a las nuevas formas impuestas por la evolución y las necesidades actuales, es una idea transformada en doctrina y hecha ideología, que luego el pueblo impregna de una mística con que el hombre suele rodear a todo lo que ama. Ese es el único caudillo que puede vencer a lo largo de las generaciones” (J.D. Perón).

 

Norberto S. Soto

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